Sunday, July 15, 2012

ein kolumbianisches Leben/una vida colombiana

Die Mutter von Luz (ein Frauenname, bedeutet "Licht") starb, als sie 11 Jahre alt war. Mit 15 verkaufte sie ihr Bruder, der sie schon seit Jahren schlug, an einen über 70-jährigen Mann. Am Abend vor der Hochzeit lief Luz weit, weit weg und arbeitete auf einer Bananen-Plantage. Leider war dies aber nicht weit genug für ihren Bruder- dieser fand ihn und schlug sie so fest, dass ihre Haut am Rücken völlig aufgesprungen war. Wie sie diesmal dem Bruder entkam, weiss ich nicht. Auf jeden Fall wurde Luz daraufhin, mit ca. 16 Jahren, von Paramilitärs rekrutiert, welche sie während 6 Monaten auf einem Hof für den Kampf trainierten. Bevor sie aber wirklich in den Krieg ziehen sollte, floh sie wieder - diesmal noch weiter, bis nach Cartagena. Während einer Woche schlief sie auf der Strasse, bis sie der staatliche Sozialdienst auflas. Sie lernte, zu kochen und verdiente ein bisschen Geld als Köchin. Sie baute sich ein kleines Häuschen aus Plastik in einem Armenviertel, ihr erstes eigenes Dach, obwohl in der Regenzeit sich ein richtiger Bach durch ihr Wohnzimmer schlängelte. Sie gebar zwei Kinder - ein Mädchen und ein Junge -  und machte eine gratis-Ausbildung als Gesundheitsberaterin (eine kurze, sehr praktische Krankenschwester-Erste-Hilfe-Ausbildung, könnte man sagen). Erst mit einer psychologischen Betreuung, die sie bekam, lernte sie, mit ihrer Vergangenheit ins Reine zu kommen, ihre Wut abzubauen und ihre Kinder nicht zu misshandeln. Als ihr kleines Plastik-Holz-Häuschen und damit alle ihre wenn auch noch so bescheidene Habseligkeiten durch einen Kurzschluss abbrannte, suchte sie die belgische Nonne Beatrice auf, die in der Region das Pfarreizentrum "El Salvador" leitete und ihr Arbeit gab. All das, was sie durchgemacht und gelernt habe helfe ihr heute, sich um andere Leute mit ähnlichen Schicksalen oder Lebenslagen mit Rat und Tat beizustehen. Ihre beiden Kinder haben in der Universität studiert - was in Kolumbien grosse Aufopferung der Eltern bedeutet! und wie so viele Frauen wurde Luz von ihrem Mann verlassen - zusätzlich hat sie ein kleines Mädchen bei sich aufgenommen. Die Eltern hatten keine Arbeit und somit kein Geld, Luz bot ihnen an, das Mädchen bei sich aufzunehmen, bis sie aus den Schwierigkeiten raus seien. Das Paar lebt immer noch im Quartier - holte die Tochter aber nie ab.
Dies alles hat mir Luz in einer halben Stunde erzählt, als sie mich zur Busstation begleitete. Frisch von der Leber, ohne Fragen oder Nachfragen meinerseits. Einfach so. Sie hat mich nur ein paar Mal gesehen. Ich bin schlecht im Schätzen, Luz kann 50, 55 Jahre alt sein. Oder vielleicht jünger? Ich weiss es nicht. Eliécer meint, es gäbe viele solcher Geschichten in Kolumbien. Sogar noch viel schlimmere. Da bin ich wirklich einfach wiedermal dankbar für mein Leben - und bewundere solche kämpferischen und starken Menschen wie Luz. Es ist auch eine Motivation für meine Arbeit. Bei meinen Besuchen in der Suppenküche und Aufpäppelung-Station von unterernährten Kindern des Pfarreizentrums in einem der ärmsten Quartiere Cartagenas hört man sehr viele Lebensgeschichten, man sieht die Armut aber auch mit blossem Auge: ungeteerte Strassen, die sich bei Regen in ein Schlammfeld oder sogar Teiche verwandeln, offen fliessendes Abwasser, zusammengeflickte kleine Häuschen.

Mir geht es gut, ich bin schon fast im 5. Monat schwanger. Bald besuchen Eliécer und ich für 2 Wochen Cécile in Peru. Neben Lima werden wir sicher auch Machu Pichu besuchen. Wir freuen uns sehr - für Eliécer ist es die erste grosse Reise!

Quartier Nelson Mandela in Cartagena, wurde von vom Krieg Vertriebene gegründet/barrio Nelson Mandela en Cartagena, fundado por desplazados por el conflicto interno de Colombia

Luz tenía 11 años cuando su madre se murió. Su hermano, que la golpeaba con frecuencia, la vendió a los 15 años. Antes de que el comprador, que tenía más de 70 años, se pudiera casar con ella, se escapó de la casa. Sin embargo, su hermano la encontró en la bananera en la que estaba trabajando y la golpeó muchísimo, afirma que tenía toda la espalda abierta. Desconozco cómo logró escaparse esta vez de su hermano. A los 16, un grupo paramilitar la recrutó y la entrenó durante 6 meses en una finca. Antes de entrar a la guerra, logró escaparse. Esta vez caminó muy lejos, hasta Cartagena. Durante una semana durmió en la calle, done Bienestar Familiar la recogió. Aprendió a cocinar y empezó a trabajar como cocinera. Con plástico construyó su primera casita en uno de los barrios pobres a los que llegan los desplazados. Su primera casita propia, aunque en la temporada de lluvias se llenaba de agua. Tuvo dos hijos – una niña y un niño- y se capacitó como promotora de salud en un curso gratuito de un médico belga. Sólo con la ayuda de una sicóloga aprendió a manejar su rabia, perdonar y no maltratar a sus hijos. Un día se quemó su casita de plástico y madera y con ella todas sus humildes pertenencias. Buscó a la hermana Beatriz, misionera belga y fundadora del Centro Pastoral, quien le dio trabajo. Afirma que las dificultades y los aprendizajes de su vida le ayudan y la motivan a darle consejo a otras personas, a acompañarlas en momentos difíciles. Sus hijos estudiaron en la universidad – un gran logro en Colombia, ya que la educación es muy cara y hay pocas oportunidades para personas con pocos recursos financieros. Como muchas mujeres colombianas, el esposo de Luz la abondonó. Hace 11 años acogió, además, a una pequeña niña cuyos padres no tenían trabajo y por lo tanto no tenían como alimentarla. Luz les propuso cuidar a la niña hasta que ellos se hayan recuperado financieramente. Los padres nunca volvieron, aunque siguen viviendo en el mismo barrio.
Toda una vida contada en media hora mientras me acompañó a la estación de bus. Sin que yo se lo pidiese o hiciera alguna pregunta. Sólo me había visto unas pocas veces. Luz tendrá 50, 55 años… no lo sé, soy muy mala para estimar edades. Eliécer me dice que hay muchos casos como el de Luz. Incluso casos mucho más difíciles. Me siento muy afortunada por mi vida y siento una profunda admiración por personas tan fuertes y luchadoras como lo es Luz. También me motiva para seguir con mi trabajo. Durante la visita al comedor y la estación médica para el acompañamiento de niños desnutridos en el barrio Nelson Mandela escuché muchas historias, pero sólo con pasar en bus, o caminar unas cuadras se nota la miseria: calles sin pavimentar que se convierten en lodazales o charcos en tiempos de lluvia, aguas negras a cielo abierto, casitas improvisadas con diversos materiales. 

Yo estoy muy bien, casi tengo 5 meses de embarazada. Mi pansa no es muy grande, pero crece y ya me siento un poco pesada. A finales de esta semana viajamos a Perú para visitar a mi amiga Cécile que vive en Lima. Nos alegramos un montón!

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