Dies alles hat mir Luz in einer halben Stunde erzählt, als sie mich zur Busstation begleitete. Frisch von der Leber, ohne Fragen oder Nachfragen meinerseits. Einfach so. Sie hat mich nur ein paar Mal gesehen. Ich bin schlecht im Schätzen, Luz kann 50, 55 Jahre alt sein. Oder vielleicht jünger? Ich weiss es nicht. Eliécer meint, es gäbe viele solcher Geschichten in Kolumbien. Sogar noch viel schlimmere. Da bin ich wirklich einfach wiedermal dankbar für mein Leben - und bewundere solche kämpferischen und starken Menschen wie Luz. Es ist auch eine Motivation für meine Arbeit. Bei meinen Besuchen in der Suppenküche und Aufpäppelung-Station von unterernährten Kindern des Pfarreizentrums in einem der ärmsten Quartiere Cartagenas hört man sehr viele Lebensgeschichten, man sieht die Armut aber auch mit blossem Auge: ungeteerte Strassen, die sich bei Regen in ein Schlammfeld oder sogar Teiche verwandeln, offen fliessendes Abwasser, zusammengeflickte kleine Häuschen.
Mir geht es gut, ich bin schon fast im 5. Monat schwanger. Bald besuchen Eliécer und ich für 2 Wochen Cécile in Peru. Neben Lima werden wir sicher auch Machu Pichu besuchen. Wir freuen uns sehr - für Eliécer ist es die erste grosse Reise!
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| Quartier Nelson Mandela in Cartagena, wurde von vom Krieg Vertriebene gegründet/barrio Nelson Mandela en Cartagena, fundado por desplazados por el conflicto interno de Colombia |
Luz tenía 11 años cuando su
madre se murió. Su hermano, que la golpeaba con frecuencia, la vendió a los 15
años. Antes de que el comprador, que tenía más de 70 años, se pudiera casar con
ella, se escapó de la casa. Sin embargo, su hermano la encontró en la bananera
en la que estaba trabajando y la golpeó muchísimo, afirma que tenía toda la
espalda abierta. Desconozco cómo logró escaparse esta vez de su hermano. A los
16, un grupo paramilitar la recrutó y la entrenó durante 6 meses en una finca. Antes
de entrar a la guerra, logró escaparse. Esta vez caminó muy lejos, hasta
Cartagena. Durante una semana durmió en la calle, done Bienestar Familiar la
recogió. Aprendió a cocinar y empezó a trabajar como cocinera. Con plástico
construyó su primera casita en uno de los barrios pobres a los que llegan los
desplazados. Su primera casita propia, aunque en la temporada de lluvias se
llenaba de agua. Tuvo dos hijos – una niña y un niño- y se capacitó como
promotora de salud en un curso gratuito de un médico belga. Sólo con la ayuda
de una sicóloga aprendió a manejar su rabia, perdonar y no maltratar a sus
hijos. Un día se quemó su casita de plástico y madera y con ella todas sus
humildes pertenencias. Buscó a la hermana Beatriz, misionera belga y fundadora
del Centro Pastoral, quien le dio trabajo. Afirma que las dificultades y los
aprendizajes de su vida le ayudan y la motivan a darle consejo a otras
personas, a acompañarlas en momentos difíciles. Sus hijos estudiaron en la
universidad – un gran logro en Colombia, ya que la educación es muy cara y hay
pocas oportunidades para personas con pocos recursos financieros. Como muchas
mujeres colombianas, el esposo de Luz la abondonó. Hace 11 años acogió, además,
a una pequeña niña cuyos padres no tenían trabajo y por lo tanto no tenían como
alimentarla. Luz les propuso cuidar a la niña hasta que ellos se hayan
recuperado financieramente. Los padres nunca volvieron, aunque siguen viviendo
en el mismo barrio.
Toda una vida contada en
media hora mientras me acompañó a la estación de bus. Sin que yo se lo pidiese
o hiciera alguna pregunta. Sólo me había visto unas pocas veces. Luz tendrá 50, 55 años… no lo sé,
soy muy mala para estimar edades. Eliécer me dice que hay muchos casos como el
de Luz. Incluso casos mucho más difíciles. Me siento muy afortunada por mi vida
y siento una profunda admiración por personas tan fuertes y luchadoras como lo
es Luz. También me motiva para seguir con mi trabajo. Durante la visita al comedor y la estación
médica para el acompañamiento de niños desnutridos en el barrio Nelson Mandela
escuché muchas historias, pero sólo con pasar en bus, o caminar unas cuadras se
nota la miseria: calles sin pavimentar que se convierten en lodazales o charcos
en tiempos de lluvia, aguas negras a cielo abierto, casitas improvisadas con
diversos materiales.
Yo estoy muy bien, casi
tengo 5 meses de embarazada. Mi pansa no es muy grande, pero crece y ya me siento un poco pesada. A finales de esta semana viajamos a Perú para
visitar a mi amiga Cécile que vive en Lima. Nos alegramos un montón!

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